




Van der Valk Hotel Mechelen
A converted 1924 swimming pool, now a hotel
Sobre este hotel
El Van der Valk Hotel Mechelen ocupa un edificio realmente llamativo: un elegante hotel de cuatro estrellas instalado en una antigua piscina de 1924 reconvertida, a nueve minutos a pie del memorial de Kazerne Dossin y cerca de la zona de Rode Kruisplein. El elegante bar y el restaurante realzan esa historia arquitectónica en vez de ocultarla, y el gimnasio y el centro de negocios cubren el lado práctico de una estancia más larga. Las habitaciones pet-friendly significan que una familia que viaja con perro no tiene que elegir entre este entorno distintivo y una política sencilla para mascotas. Es un corto trayecto en taxi tanto desde el centro del casco antiguo como desde el emplazamiento de Plopsaqua en Nekkerspoel, lo que lo convierte en una base práctica para un viaje que va más allá del propio parque acuático.
- Historic building
- Pet-friendly
- Fitness centre
- Restaurant and bar
Nuestra opinión
El Van der Valk Hotel Mechelen conviene a una familia atraída por el carácter arquitectónico, un hotel de cuatro estrellas construido dentro de una antigua piscina de 1924, con restaurante y gimnasio a juego. Está algo más lejos de Grote Markt que los hoteles próximos a la catedral, así que funciona mejor para un grupo que no le importa un corto taxi hasta el casco antiguo en vez de un paseo directo.
- ✓Ask for a room overlooking the original pool architecture if the building's history is part of why you're booking.
- ✓Confirm pet-friendly rooms and any fees when booking, since policies can vary by room type.
- ✓Use the fitness room on rest days between Plopsaqua visits rather than only the hotel pool history.
Por qué nos gusta
- Edificio de piscina de 1924 reconvertido
- Habitaciones pet-friendly
- Restaurante y gimnasio propios
- Cerca del memorial de Kazerne Dossin
Por qué encanta a los viajerosEl edificio en sí es la historia aquí: un hotel construido dentro de una piscina de 1924, con un bar elegante que realza la arquitectura en vez de disimularla. Ser pet-friendly nos evitó elegir entre el entorno y viajar con nuestro perro, y el corto trayecto en taxi tanto al casco antiguo como a Nekkerspoel lo convirtió en una base práctica, aunque no la más céntrica, para todo el viaje.