




Mantaray Tulum
Playa privada y habitaciones familiares en planta baja
Sobre este hotel
Mantaray Tulum se instala directamente en una zona de playa privada, a unos seis kilómetros de la entrada de Xel-Ha, con una piscina de verdaderas vistas al mar y un jardín con terraza para relajarse tras una mañana de esnórquel. Las habitaciones familiares en planta baja y las unidades del mismo nivel facilitan la vida con carrito, cuna o un pequeño que aún necesita ayuda con las escaleras. El restaurante familiar ofrece cocina americana, mexicana, local e internacional con opciones vegetarianas, veganas, sin gluten y sin lácteos en brunch, comida y cena. La playa de Soliman Bay queda a pocos pasos para cambiar de aire, y las ruinas mayas de Tulum a unos quince kilómetros, lo bastante cerca para media jornada sin restar tiempo de piscina en el hotel.
- Acceso a playa privada
- Unidades familiares en planta baja
- Piscina vista al mar
- Amplia oferta alimentaria en el restaurante
Nuestra opinión
Mantaray Tulum conviene a familias que quieren acceso real a la playa junto a habitaciones familiares en planta baja, sin la escala de un gran resort. La variedad del restaurante es una ventaja real para grupos con necesidades alimentarias distintas. La propiedad encaja menos con viajeros que buscan un ambiente tranquilo solo para adultos o un complejo de piscina más grande y elaborado.
- ✓Pide con antelación una habitación familiar en planta baja, sobre todo si viajas con carrito, cuna o un pequeño.
- ✓Avisa al restaurante con antelación de necesidades alimentarias si alguien del grupo necesita opciones sin gluten o sin lácteos.
- ✓Combina una mañana en Xel-Ha con una tarde en la playa de Soliman Bay, a solo unos pasos de la propiedad.
Por qué nos gusta
- Zona de playa privada con acceso directo
- Piscina vista al mar instalada en el jardín
- Habitaciones familiares en planta baja
- Seis kilómetros de la entrada de Xel-Ha
Por qué encanta a los viajerosLa habitación en planta baja nos evitó luchar con un carrito por las escaleras tras una mañana agotadora en Xel-Ha, algo que importó más de lo esperado. La zona de playa privada nos dio un entorno más tranquilo que una playa pública, y las opciones sin gluten del restaurante evitaron cualquier compromiso en la cena. Seis kilómetros hasta el parque mantenían las mañanas simples y sin agobios.